Entradas populares

La Herencia de la Criminología Crítica

La década de los cincuenta está dominada en EE UU por las teorías criminológicas que se basan en un modelo funcionalista de sociedad, la teoría de la anomia y las teorías subculturales. Estas teorías iban a ser objeto de dura crítica fundamentalmente por Matza quien las acusa de permanecer atrapadas en las redes de la criminología positivista. La criminología positivista estaba sumida en el desconcierto: el delito se explicaba en razón de causas biológicas, luego psicológicas, finalmente se le añadieron las causas sociales. Pero tampoco el positivismo socialdemócrata podía explicar por qué precisamente en la década de los sesenta, cuando existe un periodo de buenaventura económica y se intensifica la intervención social, el resultado es un incremento de los índices de delito. Contemporáneamente se desarrolla la perspectiva del etiquetamiento (labelling approach) que produce lo que se denominó un cambio de paradigma. El estudio del delito debía concentrarse no en la acción sino en la reacción social. El problema no era el sujeto (que actuaba) sino los agentes sociales (que controlaban). Este nuevo enfoque conectaba bien con el clima político de la década de los sesenta. Las revueltas de los estudiantes, las manifestaciones pacifistas, los movimientos en favor de los derechos civiles, los nuevos estilos de vida, el surgimiento de la nueva izquierda (new left), y la subsiguiente criminalización de estas actividades iban a otorgar credibilidad a la idea de que «el control penal produce desviación». Esta perspectiva, junto a la influencia de otros movimientos como la antipsiquiatría, y otras corrientes sociológicas caracterizadas por desconstruir y desreificar el mundo social, iban a proporcionar la simiente de la cual surgiría la nueva teoría de la desviación. I. LA CONEXIÓN SOCIOLÓGICA: CRÍTICA A LA TEORÍA DE LA ANOMIA Y A LAS TEORÍAS SUBCULTURALES Las teorías criminológicas dominantes en los EE UU en la década de los cincuenta eran la teoría de la anomia y las teorías subculturales. La teoría de la anomia y también en cierta medida las teorías subculturales se basaban en la corriente sociológica funcionalista desarrollada por Parsons. Excurso: Sería absurdo intentar describir en pocas palabras lo que fue, y probablemente es, una de las perspectivas más influyentes en sociología. Lo único que puedo hacer es presentar un esbozo estereotipado y limitado. Estereotipado porque reproduzco las afirmaciones que comúnmente se asocian con la corriente funcionalista, más allá de que éstas sean la (única) interpretación correcta de la doctrina de Parsons1. Limitado porque del conjunto de la teoría funcionalista sólo destaco aquellos aspectos que en mi opinión fueron relevantes para la criminología. El funcionalismo pretendió explicar qué mantiene a la sociedad unida —el problema del orden social planteado por Hobbes; si el hombre es egoísta, si todo el mundo va a lo suyo ¿cómo es que la sociedad no se desintegra, cómo es que no se produce esta lucha de todos contra todos? Para ello el funcionalismo utiliza el paralelo de un organismo viviente, por ejemplo el cuerpo humano. La sociedad, al igual que el cuerpo humano, puede concebirse como un sistema. Esto es, un todo compuesto de diversas partes interrelacionadas entre sí. Los cambios en una parte afectarán al funcionamiento del todo. También la sociedad es un sistema formado por diversos subsistemas (por ejemplo, económico, político, cultural) desarrollados para asegurar el funcionamiento, mantenimiento y reproducción de la sociedad. A su vez estos subsistemas están compuestos por múltiples instituciones (por ejemplo, la familia, la escuela, la religión, e t c . ) . Por qué existen estas instituciones, por qué se configuran de éste en vez de otro modo, sólo puede entenderse analizando las funciones que cumplen en el contexto social global. Por consiguiente, para comprender el funcionamiento de la sociedad deben analizarse sus diversas instituciones, pero no de forma aislada sino en relación al todo social. Toda institución puede ser funcional —cuando contribuye al mantenimiento de la sociedad— o disfuncional —cuando es disruptiva para la coexistencia social. En palabras de Parsons (1957:46-47): «La condición más decisiva para que un análisis dinámico sea válido, es que cada problema se refiera continua y sistemáticamente al estado del sistema considerado como un todo [...]. Un proceso o un conjunto de condiciones o bien "contribuye" al mantenimiento (o al desarrollo) del sistema, o bien es "disfuncional" en lo que se refiere a la integridad y eficacia del sistema». Pero ¿cómo se asegura que todas las instituciones contribuyan al funcionamiento del sistema? Ello se consigue porque todas las instituciones comparten unos mismos valores sociales. De tal forma estos valores generales, globales, abstractos, permiten el consenso en lo fundamental y el funcionamiento integrado de todo el sistema social. Pero las instituciones están compuestas por individuos y por ello estos valores deben traducirse en directivas concretas de actuación. Para que los valores se concreten en directivas de acción son necesarias unas normas, las cuales especifican las formas adecuadas de comportamiento para cada rol asociado al estatus social que se ocupa. Así por ejemplo, el «estatus» de estudiante me indica cómo actuar frente a una persona que ocupa el «estatus» de catedrático. ¿Sin embargo, por qué se comporta el individuo de acuerdo a estas normas de actuación, qué impide que se desvíe de ellas? Lo que evita esta desviación es que el individuo ha sido socializado en estos valores culturales y normas. Ello es lo que, en últimas, permite el desarrollo de expectativas sociales —podemos predecir la forma en como cada sujeto actuará en una situación determinada. La pregunta no obstante podría reiterarse, en primer lugar quizás no ha sido socializado en los mismos valores, y quizás aun cuando lo haya sido, ¿qué nos garantiza que el individuo cumpla con estas expectativas y se comporte de acuerdo a la norma? La garantía reside en la motivación, existe una motivación para comportarse de acuerdo a la norma que se establece de acuerdo a la concesión de premios y castigos. Ello es lo que permite que el sujeto internalice estos valores, los haga suyos. Cierto que esta motivación para comportarnos de acuerdo a la norma puede fallar en ocasiones, cuando ello sucede surge el control social. El control social reacciona a la desviación y asegura que nos comportemos de acuerdo a la norma, de acuerdo a las expectativas. Este control social puede ir de un mínimo informal —alguien nos retira el saludo, sentimientos de vergüenza, grandes cotilleos, rechazo, etc..— por haber hecho algo desviado de la norma, a un máximo formal—la exclusión y el castigo impuesto por el sistema penal, con la obligación de re-socializarse. Resumamos: La influencia del funcionalismo en la criminología conllevó el estudio del tema del delito y del sistema penal en base a las funciones y disfunciones que éstos comportan para el sistema social; concebir el control social como una reacción a la desviación, la cual representaba una deficiente socialización en las normas sociales; y, especialmente importante para los penalistas, concebir que ello, en últimas, depende de la motivación del individuo para actuar de acuerdo a la norma, la cual se establece en base a premios y castigos.
DOWNLOAD(DESCARGAR) Libro de La Herencia de la Criminología Crítica
CONTRASEÑA: Visual.SaC



Share :

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.