Entradas populares

Tratado de Derecho Civil - Familia Tomo II

Todo el derecho de familia está estructurado en torno a dos hechos fundamentales, propios de la naturaleza: el ayuntamiento de la pareja y la procreación.
Lo que en el resto del reino animal es nada más que instinto, está sublimado en el hombre por el amor, el sentimiento del deber y la conciencia de la responsabilidad que se asume. La unión de la pareja se dignifica en el matrimonio monogámico; la procreación crea vínculos, hace nacer deberes y derechos que perduran toda la vida de padres e hijos e incluso se prolongan más allá de la muerte.
Hasta aquí hemos estudiado el matrimonio como sustento de la familia normal; ahora nos ocuparemos de las relaciones paterno-filiales. En esta materia, las instituciones jurídicas no
hacen sino reflejar la vida de esa sociedad natural que es la familia. No se proponen modificarla, ni penetrar en su intimidad, perturbando su espontáneo desenvolvimiento. Sólo procuran protegerla, reforzar su estructura y eso sí, estar alerta para obligar a cumplir sus deberes paternos o filiales a quienes los olvidaron. Superadas las formas poligámicas primitivas del matrimonio, la protección de la familia regular llevó de la mano a colocar en
una situación de inferioridad a los hijos naturales. La dureza propia de las legislaciones antiguas extremó esa desigualdad.
En Grecia y en Roma, bajo la Ley de las XII Tablas, el hijo nacido fuera de matrimonio no era considerado como miembro de la familia; carecía, por tanto, de todo derecho, y por cierto del sucesorio. En Atenas, las hijas naturales no podían casarse con un ciudadano.
Este rigor comenzó a atenuarse en Roma a partir del edicto Unde cognati. Poco a poco se fue delineando la distinción entre los liberi naturali, hijos de una concubina; los spurii, hijos
de mujer de baja condición o vida deshonesta; y los adulterini e incestuosi, habidos de una
unión prohibida. A los primeros se les reconoció el carácter de parientes del padre o madre; se permitió legitimarlos e incluso se les reconoció vocación hereditaria. Con los restantes, en cambio, se mantuvo el rigor primitivo; todavía bajo Justiniano, los hijos adulterinos estaban privados de todo derecho, incluso el de reclamar alimentos,Más riguroso aún era el Derecho germánico, que consideraba al hijo natural como un extraño, sin reconocerle en ningún caso derecho alguno.
La Iglesia Católica contribuyó a atenuar esta severidad, reconociendo el derecho a los alimentos de los hijos, cualquiera fuera su origen, favoreciendo la legitimación por subsiguiente matrimonio y, finalmente, insistiendo sobre los deberes morales inherentes a toda paternidad.
Pero aquel estado de cosas no podía mejorar en la sociedad fuertemente teocrática de la Edad Media, que miraba con prevención a los hijos del pecado. La Carta Municipal de Monnikenndam prohibía a los bastardos ser testigos en justicia contra gente honesta (1288);
otras les impedían ocupar cargos municipales (Holanda, 1291). En Francia, les estaba prohibido casarse con persona que no fuera de su condición, salvo autorización del señor; no podían disponer de sus bienes por testamento y, a menos que tuvieran hijos legítimos, aquéllos pasaban al señor o al rey.
La Revolución Francesa reaccionó enérgicamente contra esta injusticia notoria. En el decreto del 12 de Brumario del Año II estableció la igualdad entre hijos legítimos y naturales, dejando sin embargo al margen de este beneficio a los adulterinos e incestuosos.
Pero no habría de tardarse en dar marcha atrás. El Código Civil de 1804 volvió a los hijos
concebidos fuera de matrimonio a una situación de completa desigualdad, aunque sin retornar a la severidad extrema del Derecho antiguo.
A partir de fines del siglo pasado la reacción en favor de los hijos naturales ha ido en progresión creciente. Hay un sentimiento de justicia que se rebela contra esta solución  legal de hacer recaer en los hijos la falta de los padres. Era necesario terminar de una vez por todas con esta paradoja de que la deshonra y el castigo recaigan sobre la víctima y no sobre el culpable. Pero por otro lado —y esto es lo que complica la solución del problema no hay que olvidar que una equiparación completa de los hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio puede importar un desmedro para la familia normalmente constituida, que la
ley debe defender.
DOWNLOAD (DESCARGAR) Tratado de Derecho Civil - Familia Tomo II
CONTRASEÑA: Visual.SaC



Share :

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.